domingo, 29 de mayo de 2011
Asamblea
lunes, 28 de marzo de 2011
Incandescente
Puede que fuera el alcohol. O una perversa conjunción de Marte y Saturno. No sé lo que fue, pero aquella noche sentí la ira más líquida que os podais imaginar. Un líquido hirviente y denso que rellenaba cada recóndito hueco de mi ser. Metal fundido incandescente.
En realidad sí que sé por qué fue. Fue la derrota. La perenne derrota que parece impregnarlo todo. La derrota de los labios y de las ideas. El fracaso diario de dejarte llevar por una jornada que detestas. La derrota de cientos y cientos de generaciones de obreros heredada y depositada y sedimentada en mis huesos. El toda la puta vida igual y toda la puta vida igual y toda la puta vida igual.
Fue también porque esa noche Tonín me contó cómo le habían pegado con una escoba. Y esos palos me dolieron como si me los hubieran dado en las vísceras en carne viva. Como si me hubieran dado puñetazos en el corazón y el cerebro y el páncreas y luego me los hubieran vuelto a colocar. Fue como si todas las injusticias de la historia se hubieran concentrado en esos golpes. Como si esa escoba hubiera asesinado todo lo bueno que pudiera quedar del ser humano.
Así que, cuando oí a aquella choni canija e ignorante gritar "arriba españa" algo se rompió dentro de mi. Un chasquido dentro del cráneo y ¡zas! ya no hay nada que separe al hombre del reptil. Por eso grité "viva la república" con una rabia hecha de ancestros y de sangre y de estrellas (estrellas de verdad, mortales y flamígeras)
Y lo seguí gritando como un conjuro mientras la choni llamaba a su novio. Mientras mis amigos me arrastraban y ellos nos perseguían. Mientras el tío me amenazaba y hacía el saludo nazi. No sé qué extraños pensamientos me llevaron a plantarle cara. Con las manos levantadas. Diciéndole que me pegara. Preocupado únicamente porque Marcos no recibiera daños colaterales. Estaba seguro de que eso iba a acabar mal. Y sin embargo, no se muy bien cómo ni porqué, terminaron por marcharse sin hacernos nada.
Y después a llorar. Por la tensión, supongo. Pero también por la de idiotas sin alma ni cerebro que hay por ahí. Porque este maldito país sigue pareciendo la casa de Bernarda Alba. Y sobre todo, por las ostias que no me habían dado y la cara que no me habían partido.
Desde entonces, nunca más me ha vuelto a suceder nada parecido. Pero cuando estoy solo con la noche y mi reptil, canto negras tormentas y atento contra el mobiliario urbano y la propiedad privada. ¡Valiente cobarde! Si en realidad lo que estoy deseando es que vuelva el puto facha ese a darme una paliza. Para sentir algo, joder, algo real. Aunque sea un buen navajazo en las tripas.
martes, 18 de enero de 2011
La maldición del poeta
Érase una vez un poeta maldito.
El poeta no podía cantarle a la felicidad porque un personaje suyo, liberado por un instante del yugo de la métrica y la rima, así lo había conjurado.
O tal vez no fuera maleficio, sino profecía o, para decirlo en términos modernos, psicoanálisis. Pero el poeta no quería pensar en esta posibilidad, que le inquietaba.
Por eso, ahora que tenía tantos motivos para la alegría, estaba estéril. El amor rehuía su verso como una escurridiza gota de mercurio. Todo lo consumado se le escapaba. Sólo alcanzaba a escribir imposibles, jamases y ojalás.
El poeta sabía que se estaba boikoteando. Pero decidió dejar de pensar en ello y hacer un bonito recopilatorio literario. De libros por los que no sentía amor, sino una especie de coleccionismo fetichista. Una especie de perversión de las letras. Psicopatología sintáctica.
El poeta dormía por el día y por la noche engullía datos que nada le aportaban. Luego, de madrugada se dedicaba a arremeter contra si mismo como crítico anónimo. (Llevaba una doble vida de soberbia y autodesprecio):
Érase una vez un poeta maldito
Y el poeta sintió un millón de comillas clavándose en su carne. Como anticuerpos de tinta.
Nuevo blog: http://loslibresardenmal.blogspot.com/
viernes, 31 de diciembre de 2010
Babel
En el juzgado todos hablaban
lenguas diferentes.
Unos utilizaban el idioma de las montañas
que era el de sus madres
y sus abuelas.
No lo hacían por afán de aislamiento,
ni por ignorancia, ni simplemente por joder.
Sino porque la palabra
orlegia transmite más desprecio que verde
Y sakaila duele menos que una herida.
Los otros, como de costumbre,
emplearon el lenguaje del cuchillo,
ese que es más antiguo que Atapuerca,
ese que les enseñaron sus padres y su caudillo.
En sus frases formales se entreveían
hideputas, etarras, cabronazos,
entremezclados con sangre y con saliva
y abundantes e incisivos puñetazos.
De la tribuna al otro lado
los excelentísimos magistrados
hablaban un idioma extraterrestre
que nada entendía
de vísceras ni de humanos.
La sentencia fue pronunciada
en ese guirigay incomprensible
poblado exlusivamente de mayúsculas
que todos escucharon, pero nadie entendió.
Para confort de mis lectores
aquí dejo la traducción
encargada por burofax urgente
a cierto jurista marciano.
“11 torturadores son puestos en libertad
sin cargos.
Otros cuatro se tirarán una temporadita
con sus amigos en la cárcel
y un tiempo después volverán
a ejercer el terrorismo en nombre del estado.
Con respecto a las dos víctimas,
sigue en pie su pena de 1000 años de prisión
aunque el proceso en el que se dictara
incumpliera los derechos humanos.
Así seguirán recibiendo entre rejas
las vejaciones que merecen.
Esto sentencia este tribunal en nombre de
dios, la patria y el rey.”
http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article21038
http://elcaminodehierro.blogspot.com/2010/12/democratas-torturadores.html
lunes, 22 de noviembre de 2010
Buenaventura-nzas
"Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, y ese mundo está creciendo en este instante" Buenaventura Durruti
Dichosos los enamorados
porque demuestran que es muy posible
una utopía par.
Dichosos los socialistas
porque llevan la política en el corazón
y llenan de corazón la política.
Más dichosos aún los anarquistas
porque purifican ese afecto
de toda repugnante autoridad.
Pero sobre todo
Dichosos los bisexuales
porque multiplican el amor
en erótica hipérbole.
Esto se le reveló mientras atravesaba la noche en un galope de abrazos
y un torrente de labios le goteaba por la barbilla
y se escurría por su cuello
y se filtraba hasta óseas cavernas.
Y entre cada relinche de dedos sentía dilatarse un poco más el tórax. El corazón se agrandaba como si quisiera bombear la prójima sangre. Temió que las costillas no aguantaran la imparable cardiomegalia, pero es que las costillas ya eran corazón. Y la piel, y la penumbra sedienta, y la forma que le amaba, y la mente que él amaba, y la habitación, y la noche entera. Sintió ensancharse su alma hasta creerse capaz de amar a toda la humanidad, no como abstracto concepto intelectual, sino personificada en cada concreto individuo.
Y entonces entendió que solo hay un amor y que cada afecto nace de la misma milagrosa fuente. Que el ansia de justicia es pasión por el pueblo, que a las manifas uno va a follarse la ciudad, que "la conquista del pan" es porno del duro, que la Revolución será una bacanal sagrada.
Y en cuatro labios se besaron un millón de tribus.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. (Mt. 5, 6)
