Se te nota en la mirada. El orgullo que aflora desde cavernas donde parecía olvidado y dormido. Se te han cruzado los cables y echas luz flamígera por las pupilas. Iluminas la calle y a tus vecinos, que se contagian de ti y te contagian en igual medida. Sois faros de dignidad. Ya no oyes a los prudentes, a los buenistas, a los cobardes, a los hipócritas; ya no oyes el eterno discurso, la salmodia subterránea que te paralizaba. Estás decidido a luchar con lo que tienes: un puño, dos piernas, tu inteligencia y la ira de todo un pueblo. Sabes que es mucho más que una batalla por unas obras; aquí se pelea por el espacio y sus símbolos, ese espacio que nos han ido extirpando, haciéndonos extranjeros en nuestro propio barrio. Peleas por la soberanía, por el ultraje de los representantes al no escuchar el clamor de un vecindario. Te enfadas porque la corrupción urbanística llega a cotas indecentes, porque nos tratan como estúpidos y piensan que no nos enteramos. Gritas porque nos relegan a la periferia, nos condenan a la depauperización progresiva, derrochan millones mientras nos recortan servicios básicos. Incendias porque sabes sus motivos, que no son más que la rapiña; porque sabes el nombre de tu lucha, que es una lucha secular; porque sabes que los derechos no se regalan, que solo el pueblo salva al pueblo; porque sabes que cualquier noche puede salir el sol.
Tus ojos ahora iluminan un calabozo, pero a este tipo de luz no la paran los barrotes, ni las paredes de ninguna comisaría. Eres ejemplo, eres necesario, eres lo que nos anima a seguir luchando cada día. Haces que el orgullo se desborde en nuestros pechos al decir “yo soy de Gamonal”. Gracias.
domingo, 19 de enero de 2014
sábado, 31 de agosto de 2013
Zaptres
Eres una risa
contenida, unas ojeras proletarias,
una duda
siempre viva.
Eres mi no muy
fiel lectora, mi leal amiga.
Eres la mañana
que no vivo, la aurora que no veo,
los amaneceres
que si alcanzo.
Eres un pokemon
legendario, tipo fuego y tipo rayo.
Eres mi
inconfesa envidia, un vínculo prohibido,
algunas noches
de llanto.
Eres oro,
bronce y plata:
orgullo de
cuatro casas
y un sombrero.
Eres una boda
en Atacama:
en los ojos
tienes sal,
en la piel
blanco desierto.
Eres griega sin
hache, latina con jota,
un giga de
tuenti, la sota de copas.
Eres zumo de
endrina, trasteros secretos,
penicilina
inyectada en vasos y besos.
Eres un perro
aullando a Venus.
Eres yo si
tuviese senos;
y si tú no los
tuvieras,
quizá serías
mi corazón.
lunes, 4 de marzo de 2013
Hoces como labios
Me gustaría ser combustible,
inflamable mobiliario urbano,
y que tú fueras, a ser posible,
borroka incendiario y armado.
Contenedor, coche, cajero,
ardiendo en tus rusos fluidos,
haciendo la primavera en enero,
prohibiendo el tedio y el frío.
Quisiera ser tu palestino al cuello
y que me atravesaran tu voz y tu ira
y resonar temblando en blanco y negro
al penetrarme tu mensaje de amor suicida.
Tu viejo pasamontañas
empapado en sudor, sangre y saliva;
ese que todas las mañanas
te reviste el rostro de rebeldía.
Ojalá fuera las botas
que calzases implacable
al pisar la corona
y la cabeza del culpable.
Las que ahora avanzan por el asfalto
de esta nauseabunda ciudad
sin dar un paso en falso
y tampoco uno hacia atrás.
Quiero ser la piel del muro
en el que tatúas una estrella roja
y protegerla con ladrillo mudo
y aplastar al que borrarla osa.
Una estrella, como tu fuerte mano,
de cinco puntas y sangre heroica,
que nos guíe en el cielo nublado
para conducirnos hasta la victoria.
Quiero que tu grito sea mi grito,
sea el grito del pueblo airado,
aunque sea ilegal y esté maldito
será el grito de un enamorado.
Quiero que me cantes al dormir
al oído las internacionales
y que me abraces para protegerme
del capitalismo y sus males.
Sentir en tu pantalón
algo que late y que muerde
y no saber si traes un molotov
o es que te alegras de verme.
Sueño con mi puño junto al tuyo,
dos puños de revolución empalmados,
golpeando aire, carne, escudo;
follándonos las calles a puñados.
Acariciar tu barba y tus nudillos
y que me comas hasta los huesos,
instaurando en mi cuerpo rendido
la república socialista de tus besos.
martes, 25 de diciembre de 2012
Turrón caducado
La noche le sorprendió con un cerrojo.
Al otro lado, una voz familiar decía:
-¿Eres Joseph? Perdona hijo, estaba esperando a otra gente. Pasa.
Cuando entró en el pasillo vio que esa no era su puta casa. Ni aquella mujer se parecía en nada a su madre.
Pero debía reconocer que él tampoco era Joseph. Así que actuó con naturalidad.
-Hola mamá, ¿está preparada ya la cena?
Al otro lado, una voz familiar decía:
-¿Eres Joseph? Perdona hijo, estaba esperando a otra gente. Pasa.
Cuando entró en el pasillo vio que esa no era su puta casa. Ni aquella mujer se parecía en nada a su madre.
Pero debía reconocer que él tampoco era Joseph. Así que actuó con naturalidad.
-Hola mamá, ¿está preparada ya la cena?
martes, 8 de mayo de 2012
Gol en el campo, paz en la tierra
Si
contemplas un estadio de fútbol podrás ver una inmensa alfombra de
cesped verde, tan verde como las plantaciones de cáñamo
norteafricanas, los cultivos de opio iraníes o los campos de coca
colombianos. Estos diversos verdores reciben cuidados similares,
producen efectos análogos y proporcionan, en cualquier caso, pingües
beneficios a negocios de distintos tipos y no tan diferente calaña.
Es
un tópico, pero es verdad. El deporte rey se ha convertido en el
opio de un pueblo adormilado y acrítico; en el circo que, junto a un
pan cada vez más escaso, nos cierra la boca y nos distrae la
atención, apartándola de otros asuntos menos amables. Los jóvenes
están más dispuestos a salir a la calle para festejar la victoria
de "su" equipo que para defender sus derechos. El hashtag
más original y reivindicativo sucumbe enseguida ante cualquier
bazofia futbolística a los pocos minutos de empezar el partido.
Al
igual que defiendo el consumo de otras drogas, también considero muy
lícito y oportuno que el que disfrute de la droga deportiva (que no
es mi caso) se narcotice a gusto. Todos necesitamos de vez en cuando
un tiempo de evasión de la frecuentemente hedionda realidad. Pero el
dejarse cegar de manera tan absoluta va más allá de todo consumo
responsable para transformarse en un engaño perenne. Un engaño
programado desde altas esferas y casi impuesto a través de los
medios de comunicación, ya que es literalmente imposible escapar al
continuo spam futbolístico. Los "deportes" ocupan la mitad
del espacio de los telediarios y sus títulares muchas veces se
anteponen a los de hambrunas, guerras y recortes; los eventos
deportivos desplazan sin pudor cualesquiera otra programación de la
televisión pública; la mayoría de los hombres conocen más
apellidos de futbolistas que de poetas y el diario más vendido en
este delirante país es el Marca. Con eso se ha dicho todo.
Mientras
tanto, la mafia del balón se enriquece y endeuda a partes iguales.
Los jugadores estrella cobran sueldos de magnitud repugnante por
practicar una actividad que nunca debió salir del ámbito del ocio
personal. Por su parte, los presidentes de los grandes clubes
juegan a aprendiz de político intentando trapichear tanto como sus
maestros. Y no lo hacen nada mal, pues la industria del fútbol
español debe a Hacienda 700 millones de euros. Pero claro, eso es
intocable, no como la sanidad o la educación.
Aun
así hay gente que defiende este deporte como "vertebrador
social" y lo más triste de todo es que tienen razón. Porque a
mi me produce vergüenza y pena infinitas el pertenecer a una
sociedad que hace de un deporte su eje central, en lugar de
articularse en torno al respeto, la solidaridad, la cultura, la
justicia. Me da asco la exaltación de nacionalismos -grandes o
chicos- que se propaga y ondea en campeonatos, mundiales y demás
eventos pseudobélicos. Me indigna que la masa entronice y rinda
culto a personajes que se dedican a pegar patadas.
Creo
que es el momento de despertar, de apagar los televisores y vaciar
los estadios; de aborrecer esta nueva religión y quemar a sus falsos
ídolos y fundir sus venerados cálices para hacer algo productivo
con el metal del que fueron forjados. De darnos cuenta de que ellos
son parte del problema y no de la solución. De gritar en la calle y
en las plazas: "¡Cristiano, cabrón, trabaja de peón!",
"¡Mourinho, recuerda, tenemos una cuerda!".
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