A veces pienso que la humanidad es una inmensa mole de conciencia pura de la que emergen multitud de apéndices que constituyen los individuales egos.
De su brillante y pulida superficie surgen cada día nuevos tentáculos y otros muchos se retraen y vuelven a confundirse con el todo, con la madre original.
En lo que dura su vida, los pobres e ignorantes flagelos desconocen que pertenecen al mismo organismo, que no son más que manifestaciones del mismo ser y odian, intrigan, pelean, destruyen, cercenan, a sus hermanos, a ellos mismos. Solo quieren ver su insignificante y ridícula individualidad, prisión hecha de mentira y falsedades.
Si fuera así, si, como se intuye en Schöpenhauer e insinúa Buda, no existe más que una Voluntad y no hay más que una sola Conciencia fragmentada; si todos vemos, sentimos, padecemos, disfrutamos con todos los ojos, corazones, cerebros y cuerpos de la humanidad; si todos y cada uno de nosotros somos, sin excepeción y al mismo tiempo, todos y cada uno de nosotros; entonces, todo se impregna de un maravilloso sentido, se explican las ansias más puras de las almas, la vida se llena de belleza, simetría y paz de espíritu.
Y todo queda explicado. El karma adquiere solidez científica y lógica silogística. El intelectualismo moral se eleva a la categoría de axioma inapelable y derrota, o mejor dicho, absorbe, fagocita, engulle, al individualismo más acérrimo y al egoísmo más pragmático. El capitalismo pierde sus últimos pilares que se disuelven como píldoras efervescentes. La venganza se convierte en un acto de masoquismo, y solo los suicidas volverán a matar.
Todos hemos entrevisto alguna vez esta verdad, al sentir una conexión profunda y atávica con un semejante. Esos instantes de comunión perfecta, de coincidencia sideral, de comprensión profunda y clarividente. Todos, alguna vez en nuestra vida, nos hemos sentido radicalmente unidos a Otro durante un instante, maravilloso instante en que se supera toda frontera, toda individualidad y toda soledad. Esos mágicos instantes donde se siembra la amistad y el amor y donde se dejan ver las inextricables relaciones que a todos nos unen. El regreso al arjé.
Podrán llevarse las manos a la cabeza científicos, fisiólogos y físicos pero no me quitarán esta certeza, que, a parte de ser una fe, una alegría y un impulso, es a mi juicio una teoría plausible, si no necesaria, para explicar la escurridiza multiplicidad de las almas. Pues o no existe ninguna o solo una existe, ya dijo Ockham que es un error multiplicar los entes sin necesidad. Por eso me armo con su estilete para rebanar los orgullos y cercenar las ambiciones, tal es la misión de esta guillotina de vapor, que coge el relevo de la mencionada navaja.
Todos los pecados nos han sido perdonados.
